
Allá comenzando los años ochenta, Juan Carpintero [John Carpenter, pa' los cuates, perpetrador de crímenes inolvidables como las clásicas Halloween y La Cosa], dirigió y co-escribió el guión de The Fog, alias La Niebla, cuento a la Scooby Doo en el que un pueblo es invadido por fantasmas.
En 1985, en su libro The Skeleton Crew, el maestrazo Stephen King publica, junto con otros cuentos, su novella The Mist, que siendo fieles al idioma es más parecido a bruma o neblina, pero, la verdad, para más de uno, siempre ha sido La Niebla original, dejando a la película de Carpenter, que no es mala, en un segundo plano. El hecho de que recientemente hayan hecho un remake de The Fog, no añadió mucho a su legado.
Esta vez le tocó el turno a The Mist, gracias a Frank Darabont, sujeto que parece haber desarrollado un romance literario fílmico con King, ya que ha adaptado dos historias suyas de manera excelente: The Shawshank Redemption [Sueño de Fuga, 1994] y The Green Mile [Milagros Inesperados, 1999]. Una vez más, Frank da en el clavo, siendo muy fiel a la historia original en el contenido y recreando una ambientación sobrecogedora, claustrofóbica y con momentos verdaderamente espeluznantes. Fanáticos de Saw [que, dicho sea de paso se pronuncia só, no sáu] y vulgaridades semejantes: esto es lo que una verdadera película de horror debe ser, no una sucesión de atrocidades cuyo único valor parece ser poner a prueba nuestra capacidad de aguantar las ganas de devolver el estómago...
The Mist, bautizada para su comercialización en latinamérica como Sobrenatural [qué horror, como ya existía La Niebla, recurren a otro título que de por sí ya existe, es el título original de la ópera prima de Daniel Gruener, cinta mexicana de suspenso que protagonizaron su esposa Susábana Zaleta y Alejandro Tomassi en la década de los noventa... pero, en fin, ya sabemos cómo se las gastan esos sujetos que traducen] se apoya en un sólido cast con ninguna mega-estrella, para brindarnos un viaje a lo más espantoso de nosotros mismos, pues los monstruos que hay allá afuera son lo de menos: el verdadero infierno está en el supermercado donde la gente se ha refugiado y no tardan en ponerse las cosas feas, como siempre que enjaulamos a unos cuantos humanos y aflora lo más primitivo de nuestra esencia. Un curioso detalle es que, como homenaje a las antiguas películas de monstruos, muchas de las criaturas, fueron desarolladas en stop motion, junto con CGI [computer generated images, por supuesto], lo que le da un toque distinto y más realista a las secuencias donde los engendros aparecen.
La fotografía, a cargo de Ronn Schmidt, simplemente soberbia, evoca a veces cuadro a cuadro la narrativa de Stephen. Una que otra referencia al mundo libresco de King son un guiño que siempre se agradece, como la secuencia inicial, en que el protagonista pinta un poster del pistolero, héroe de La Torre Oscura, la magna saga supernatural de Stephen King. ¿Será que Darabont ya le echó el ojo para dirigirla en el futuro?
Lo que distingue a una excelente película de otras menores, es su funcionamiento en varios niveles y lecturas diversas. The Mist, entretiene de lo lindo como una película de horror debe hacerlo, la intensidad del desarrollo del guión nos lleva por secuencias dramáticas muy efectivas, y la crítica sociológica está a la orden del día. Un exquisito platillo cinematográfico que satisface, e incluso nutre. ¿Qué mas se puede pedir?
Acaso, los que leímos la historia antes de ver la película, sin duda la disfrutamos mucho más y, oh madresanta, quedamos con la boca abierta con la terrible conclusión que dio Darabont al terrible viaje. Sin duda fue un balde de agua helada para los susceptibles, pero, si reflexionamos un poco, el mensaje de Darabont no es negativo, al contrario: nos habla de lo importante que es sostenerse hasta el final, por peor que las cosas se pongan. Resistir es la clave. Como dice Gandalf a Frodo en El Señor de los Anillos: ni los más sabios conocen todos los finales.
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